Reflexiones de Lorenzo Loncon acerca de la importancia del lawen, lawuentuchefe y militante de la Lof Paicil Antriao (Neuquén)

Por Marcela Tomás y Kaia Santisteban (Gemas Bariloche)

Al preguntarnos sobre la medicina mapuche y las problemáticas relacionadas con la salud –un tema que ha sido muy nombrado en los últimos nueve meses a raíz de la pandemia por el Covid-19– decidimos conversar con Lorenzo Loncon, un lawuentuchefe (especialista en saberes de plantas medicinales) y militante mapuche de larga trayectoria en política indígena. 

En este entrevista Lorenzo fue enmarcando la conversación sobre el lawen (medicina mapuche) en una “preocupación compartida” del Pueblo Mapuche Tehuelche, acerca de los patentamientos de conocimientos indígenas, de los masivos incendios forestales en gran parte del país, de la actividad del fracking en Vaca Muerta por el petróleo, el extractivismo en general, la reforestación de pino y eucalipto, la megamenimería y la contaminación del agua. 

Sin embargo, frente a estos escenarios de tanta adversidad, Lorenzo encuadra al lawen como  un motor para defender las formas de vida mapuche.

El vínculo entre Lorenzo y el lawen

Lorenzo Loncon actualmente vive en el Lof Paicil Antriao en la provincia de Neuquén (Argentina). Gran parte de su familia proviene de una comunidad mapuche que se llama Millahuin, en Temuco, en el territorio de Gulu mapu, “en la tierra del oeste, lo que hoy le dicen Chile”, de allí viene su tuwvn1 (lugar de origen). Sus trayectorias familiares hicieron que viajara a Puel mapu (la tierra del este), llegando primero a la provincia de Buenos Aires y luego a Neuquén, donde se encuentra  desempeñando su rol como werken

(…) el motivo por el cual viajamos es porque mi familia fue obligada a exiliarse, por eso terminamos en Buenos Aires entre 1984 y 1985. Desde 1991 me quedé definitivamente en Neuquén, en la tierra del Limay, militando para estos proyectos de la bandera nacional, la wenufoye y ahí fui conociendo muchisimos longkos, Pijan kuze, de toda la provincia de Neuquén, de Río Negro y Chubut (…) Mi rol político es ser werken, soy elegido ya como dos períodos en la comunidad Lof Paicil Antriao, donde estoy actualmente asentado

(c.t. L.L., 2020)

En esta oportunidad Lorenzo comparte sus historias, trayectorias de lucha, actividades políticas en torno a la medicina mapuche y la importancia del lawen en la vida de las personas del Pueblo Mapuche Tehuelche.

Desde su relato, el lawen es un tema sumamente afectivo entramado con las memorias y recuerdos transmitidos en los gvlam, es decir “consejos” con que lxs mayores enseñaban sobre la sabiduría y conocimiento mapuche. 

El vínculo entre Lorenzo y el lawen comienza cuando era  niño.  Fueron su madre, sus abuelas, abuelos y tíos quienes le transmitieron cómo relacionarse con el territorio y cómo ir forjando una relación de afecto y cuidado mutuo con las fuerzas que habitan en los espacios donde cada uno de estos conocimientos “se van haciendo práctica”. Dice Lorenzo:

La importancia de los mayores, de los tíos, en este caso de mi mamá, que me enseñó cual es el método educativo que tenemos todos los pueblos indígenas del continente, que es con la práctica. Entonces cuando recorríamos algunos campos o llevábamos para la casa alguna planta nativa, ella me iba diciendo para qué servía en las conversaciones. Porque cuando uno es niño es curioso  y mientras uno jugaba, se peleaba con los hermanos, hermanas, pero prestaba atención a esas cosas que hablaban las mujeres, las tías, las mamás de cómo evitar que los bebés tuvieran gases, el tema del cuidado con las medidas de las plantas medicinales. Entonces eso se van haciendo práctica.

(c.t., L.L., septiembre del 2020).

Lorenzo reconoce los nombres y propiedades de pu lawen que habitan en su territorio, los lugares donde crecen, las maneras correctas de sacarlos de su lugar (pidiendo permiso y agradeciendo) y sus usos terapéuticos: la planta tiene más fuerza en sus territorios naturales. Desde estos saberes, contenidos en “formas de hacer”, es que él comenzó a participar como lawuentuchefe en el equipo de salud intercultural llamado Bawentuwvn zugu, que funciona en el territorio lafkenche desde 1993:

Formo parte de un equipo de medicina mapuche, Bawentuwvn zugu, que funciona en Neuquén capital, que trabaja con el machi Víctor Caniullan (…) Nosotros lo conocimos en 1991 al machi Victor cuando tenía el perimontun, el espíritu de machi, y todavía no estaba trabajando o asumiendo su cargo de machi. En 1993 más o menos hicimos el primer machitum o ceremonia en la comunidad RagiñKo. Digamos que siempre he estado trabajando con el tema de las plantas medicinales. A partir de 1991 empezamos a trabajar en todo esto del proyecto de la bandera mapuche, la wenu foye, y ahí tuve las posibilidades de compartir con muchísimas Pijan kuze, logko y como siempre me gustó el tema de las plantas porque mi mamá me inculcó eso, fui aprendiendo y compartiendo, casi con todo el territorio neuquino, parte de Río Negro, Chubut… de cómo se utilizaban las plantas medicinales.

Más allá de las fechas como enseña la historia oficial de memorizar fechas, lo más importante fue que con el machi Víctor nos conocimos en un proceso de lucha, de la creación de la wenu foye, de recuperaciones territoriales, tanto de lo que hoy es Chile como Argentina, y se sumaba el conocimiento que él tiene. Una fecha de inicio no es tan importante, lo más importante es que el machi Víctor tuvo la confianza de irnos contando cómo era la filosofía, la visión profunda del mundo mapuche, que ni los mismos mapuche la conocen. Porque está la dificultad de la erosión cultural, del idioma, pero también porque los machi son muy celosos de su conocimiento y con razón no?

(c.t.,L.L. septiembre del 2020).

Los lawen: “Son saberes espirituales, son memoria histórica” 

Cuando hablamos de las memorias en torno a la medicina mapuche, no nos referimos a una memoria que fue perdida y olvidada en su totalidad, sino a procesos que buscan recuperar definiciones, términos, sentidos y prácticas. El conocimiento en torno a la medicina ancestral mapuche fue irrumpido por los procesos de evangelización, de matanzas y migraciones forzadas impulsados por las agencias colonizadoras religiosas y estatales que de diferentes maneras obstaculizaron o intentaron eliminar el desempeño de muy diversos roles, entre ellos  los de machi y lawentuchefe. Debido a esto ciertas prácticas mapuche siguieron transmitiéndose y ejerciendose como parte de una memoria subterránea (Polack, 2006), es decir, de forma clandestina o silenciada. Desde el trabajo de la memoria con el lawen, Lorenzo explica algunos hechos significativos de la historia que dan sentido al por qué el conocimiento mapuche tuvo que ser tan resguardado:

Lo que siempre explicamos que antes del sur del río salado todas las comunidades ranqueles, mapuche, tehuelche, todos tenían… todas las comunidades, todos los lof, que es comunidad de gente, de personas y naturaleza, espíritus de la naturaleza, tenían su machi. Después de la primera conquista al desierto que inició Rosas en 1833, se empieza a perseguir a esa gente con estos saberes, entonces después ya viene la conquista al desierto que es donde se mata más… todo el sistema de vida mapuche no? Los líderes políticos, espirituales, religiosos, los que comandaban, los toki, que dirigían la defensa del territorio y de las vidas. Bueno, todos terminan presos, muertos, esclavizados. Eso es lo que un poco se vuelve a retomar hoy (…)

(c.t., L.L., septiembre del 2020)

Debido a estos eventos traumáticos y violentos de la historia que narra Lorenzo, es que el kimvn (conocimiento) mapuche fue reinterpretado bajo los nombres de “brujería”, “curanderismo” y “yuyerismo”, términos que poco tenían que ver con las filosofías y vidas del Pueblo Mapuche Tehuelche. No obstante, a pesar de la evangelización y discriminación hacia los saberes mapuche, el lawen es uno de los conocimientos más resguardados a lo largo del tiempo en las vidas cotidianas de las familias, y esto es así porque este conocimiento  fue envuelto en los recuerdos, en las prácticas cotidianas y hogareñas, en el uso de cada hierba medicinal –que varía según el territorio– y en las piezas del arte verbal mapuche como los gvlam y gvxam ( historias evaluadas como verídicas).

 Desde estas “historias verdaderas” y consejos es que se fueron “levantando” –de diferentes maneras en cada región de Puel mapu y Gulu mapu— actividades políticas, ceremonias espirituales, espacios de medicina mapuche, relacionalidades con el entorno, lazos sociales y familiares, que surgen para contrarrestar el silenciamiento, la clandestinización, y los “olvidos”. En relación a esto, Lorenzo explica las formas de atención a la salud desde una mirada que es principalmente “preventiva”:

La salud de todos los pueblos originarios del continente es más que nada preventiva. Por eso te decía, antes al sur del río Salado en Puel mapu siempre las comunidades tenían machi, pijan kuse, pero sobre todo machi. Gente con visión. Pero esa gente no es que era consultada asiduamente, como ahora que parece que por cualquier problemita acude la gente mapuche al machi. Los machi no eran tan consultados, era cuando había cosas graves que la medicina preventiva o de uso de toda la familia ya no alcanzaba. Entonces recién ahí se recurria al machi  por sobre estos problemas mapuche, enfermedades mapuche. Porque también hay una clasificación de enfermedades dentro del mundo mapuche. Ahora también se fue integrando gente de la cultura no mapuche que por sus propios medios ha ido consiguiendo la información y recurre  a la medicina mapuche. La medicina mapuche no se le niega a nadie, pero tiene que haber una retribución al tiempo, a la sabiduría del machi y de todo viaje espiritual … Y además que la medicina de todos los pueblos originarios no funciona con una sola clase de planta, son combinaciones, y todo depende del contexto también, por eso es que entendemos que es muy importante. (…) Así que como nosotros decimos mapuche, mapuche significa gente de la tierra o gente que está relacionada con todas las fuerzas naturales.

(c.t.,L.L., septiembre del 2020)

Este poder político y afectivo de la medicina mapuche involucra un potencial para disputar diversos proyectos extractivistas que afectan a la sociedad en general así como a cuestionar la falta de reconocimiento a sus saberes se antepone a sus prácticas y formas de cuidado. En relación a este potencial político-afectivo, Lorenzo reflexiona sobre cómo los efectos de la pandemia por el Covid-19 exponen el funcionamiento de un sistema económico, político y social basado en un modelo capitalista, colonial y extractivista que atenta a las poblaciones originarias y a sus territorios. En relación a esto en el siguiente apartado reponemos su análisis para repensar convivencias que sean más justas con vistas al futuro.

Patentamientos, extractivismos, quemas y reforestaciones

Hace años que distintas organizaciones y lof  vienen realizando proyectos políticos abocados, por un lado, a la revalorización del conocimiento ancestral mapuche y, por otro lado, al resguardo del conocimiento sobre los usos de plantas medicinales de proyectos hegemónicos extractivistas. 

El equipo de salud Bawentuvun donde trabaja Lorenzo Loncon es un ejemplo de esta activación política por la medicina mapuche, en la que defienden los conocimientos mapuche de la “biopiratería”. En relación a esto Lorenzo menciona al menos dos casos en los que se empresas farmacéuticas han patentado y privatizado los conocimientos sobre el uso de plantas medicinales que están en los territorios sin consultar a las comunidades del Pueblo Mapuche Tehuelche:

Esto es lo que yo decía que ha hecho Bayer patentando sobre el canelo que es una planta sagrada del Pueblo Mapuche (…) Del quillay van a usar en una vacuna con supuestamente muy buenas probabilidades para el Covid, y no hubo consultas al pueblo mapuche ni nada… El tema es justamente cuidarnos de que no nos sigan robando conocimiento las corporaciones como Bayer (…) por eso te compartía eso del quillay que le dicen en Chile pero acá le dicen chakay en puel mapu. Se hace un jabón para dejar la lana blanquita,  medicinalmente se usa para fiebres, no descubrió nada Estado Unidos.

(c.t., L.L., septiembre del 2020).

Para Lorenzo, el Pueblo Mapuche Tehuelche utiliza el canelo y el quillay desde tiempos antiguos como plantas medicinales que curan distintos tipos de enfermedades. Sin embargo, las industrias farmacéuticas desmadran el uso de estas plantas nativas -entre muchas otras- patentando los conocimientos que son de los pueblos originarios:

(…) entonces, por eso te decía que los conocimientos de los pueblos originarios en todo el continente son colectivo, no se deberían privatizar y cada pueblo originario tiene que ir viendo cómo comparte sus saberes, si realmente se da un diálogo de saberes, y no declaraciones, palmadas en la espalda y mientras tanto se deja que se quemen todos los bosques, todos los humedales, y es así que la gente no tiene medicina a donde buscar (…) También por eso decimos que los saberes de todos los pueblos originarios del continente son colectivos, entonces no se puede privatizar lo inmaterial, lo intangible…

(c.t., L.L., septiembre del 2020).

El lawen puede estar compuesto de diferentes elementos de la naturaleza –hojas, tallos, raíces, tierra, piedras, o agua de arroyos (entre muchos otros)– pero según lo que nos ha explicado Lorenzo no es sólo parte del mundo tangible sino que, además, participa de las negociaciones políticas en las que se acuerdan esos modos de cohabitación que las y los mapuche luchan por defender. 

Es decir, el lawen opera para revertir el desequilibrio que producen ciertos proyectos hegemónicos de destrucción del ambiente como la minería, el fracking, los incendios forestales, el extractivismo masivo, reforestaciones de pino y eucaliptos –entre otros grandes emprendimientos– que dejan, como dice Lorenzo “solo escombros, contaminación y muerte” (c.t., 2020). En este sentido, la agencia del lawen se enmarca en las relacionalidades con  el entorno, y las fuerzas que lo constituyen, para revertir el desequilibrio:

Tenemos las consecuencias de que hay un estado nacional o muchos estados provinciales, como el de Córdoba, que han dejado que se quemen todos sus farmacias, que  es toda la naturaleza, los humedales. Entonces, está físicamente ligado nuestro sistema médico mapuche que haya lugares donde la naturaleza se pueda mantener con su equilibrio, con su dinámica, reforestar con especies nativas. No sólo árboles grandes, sino las distintas plantas medicinales, que es hacer un contexto y las plantas medicinales vuelvan. Pero las políticas extractivistas de los estados nacionales siguen con el pino, eucaliptus, cuando pueden hacen fracking, cuando pueden hacen soja… entonces ahí tenemos un problema serio. Así no puede haber ningún sistema médico de los pueblos originarios. Entonces eso es lo que tendrían que estudiar las universidades para que realmente haya un diálogo de saberes y no lo que hay hoy. Hoy hay una erosión hacia los conocimientos de los pueblos originarios

(c.t., L.L., septiembre del 2020).

La falta de reconocimiento estatal

Lorenzo fue organizando en su relato afectos y posicionamientos políticos para cuestionar tanto la falta de reconocimiento estatal como los procesos de alterización sobre el Pueblo Mapuche Tehuelche (Briones, 2005):

En primer lugar, las dificultades del sistema médico mapuche es que no está reconocido, y los distintos estados nacionales, sea Argentina, Chile, no reconocen digamos la medicina mapuche, menos la concepción del mundo, entonces en Argentina las provincias tampoco reconocen el sistema médico mapuche o de otros pueblos originarios. Porque hay una epistemología, hay una forma de ver el mundo en cada sistema médico, de cada uno de los pueblos originarios, y eso es lo que hoy no… no está. Entonces, y más allá del Covid, durante muchos años, desde los ´90 digamos, asistimos a una deforestación de todos los territorios, donde hay comunidades indígenas de diferentes pueblos originarios, donde se destruye la base de todos los sistemas médicos de los pueblos originarios, que está en la organización circular de la naturaleza, entonces este no es un problema de un partido político de diferentes gobiernos, sean nacionales o provinciales, sino que es también de la ciencia, del Conicet, de las universidades, más allá que tengamos convenio con algunas, incluso con universidades provinciales, con la universidad del Comahue. Hemos tenido charlas con gente muy importante de las universidades y con gente de los equipos de salud, en este caso la provincia de Neuquén, pero no hemos avanzado hacia una institucionalidad, menos definir que el sistema médico mapuche siempre tiene que haber un machi dirigiendo todo este trabajo ¿no?.

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Dentro de este tema, otra de las discusiones que planteó Lorenzo refiere a la falta de acuerdos colectivos, diálogos y reconocimientos de la medicina mapuche por parte de diferentes agencias estatales, como el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, de Argentina)  o el SAG (Servicio Agrícola Ganadero, de Chile): 

 No hay un entendimiento de cómo deben ser los modelos de  justicia, de salud, de los pueblos indígenas. Entonces, por eso, es que es muy triste ver como nosotros tenemos que andar pidiendo permiso al SENASA al SAG para pasar las plantas medicinales de un lado o del otro y cuando es algo que está comprobado milenariamente que es beneficioso  para la salud de los seres humanos. Y para la naturaleza es una actividad de bajo impacto, recolectar la huerta, buscarle un protocolo mapuche también, pedirle permiso a los newenes antes de llegar, no es solo ir cortar, ni a cualquier hora del día. Sobre todo este tema de la primavera es la época ideal en toda la cultura para empezar a tomar las plantas medicinales y dentro de la cultura mapuche siempre la idea es prevenir. Por eso, lo que decíamos anteriormente, los machi están para atender cosas complejas o enfermedades de origen mapuche para las cuales hay que hacer ceremonias que te apoyen al medio día o al anoche, un remolino de viento, eso se llama en nuestro idioma xafentü. Culturalmente nosotros tenemos que ir justo al mediodía a bañarnos, porque después salen otras vidas. Los niños no pueden estar jugando afuera de las casas cuando anochece o cerca de los bosques y entonces, hay un montón de saberes que por ahí no están escritos pero realmente nosotros tratamos de irlos cumpliendo para estar bien, para estar kume felen, kume Mogen.

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Los disensos que señala Lorenzo en relación al SENASA o al SAG son disputas que se fueron inscribiendo en planos que no son sólo ideológicos, sino también en “conflictos ontológicos” que plantean una negociación de las existencias, de los sentires y de las prácticas de los pueblos indígenas que han sido diferenciadas. Lorenzo explica que cada elemento de la mapu (tierra) tiene un gen, fuerza o espíritu, dueño de la naturaleza silvestre, que le da vida y asegura que no deje nunca de existir. Los gen también se aseguran de mantener una relación de respeto y de cuidado entre el hombre y la naturaleza. Es por esta concepción que el conocimiento mapuche se basa en la existencia de ciertas pautas de convivencia con el entorno, que pueden ir desde “pedir permiso”, a hacer gijatun o simplemente “dejar tranquilo”.

En esta línea, Lorenzo reflexiona sobre el contexto actual de la pandemia, y sobre cómo  trabajar en conjunto con la diversidad, con las heterogeneidades y con las perspectivas de mundo diferentes.

Reflexiones sobre la pandemia …

hay que entender que nosotros hace 500 años estamos resistiendo así que ningún virus va a venir a sacarnos la agenda”

Lorenzo planteó que si bien desde el equipo de salud no han dejado de atender a sus pacientes en los meses de pandemia, estas atenciones no han podido realizarse ni en los espacios apropiados ni de las formas en que debe hacerse:

El equipo Bawentuwvn nunca ha dejado de funcionar, eso es como sacarle un pelo a un buey. Con todos los modernos sistemas de comunicaciones, digamos se va atendiendo a la gente de otra forma. Hay medicina para prevenir esto del Covid, que está dentro de nuestro equipo, de la asesoría del machi y entonces eso a los más cercano, a las comunidades se les sigue abasteciendo (…) 

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Lorenzo enmarca sus preocupaciones en la imposibilidad de intervenir como Pueblo –a través de su experiencia y sus propias prácticas de salud– en el devenir de la pandemia del coronavirus. 

Entonces de eso estamos cansados, creemos que a la luz del Covid tiene que haber un tratamiento serio de los conocimientos milenarios de cada uno los pueblos originarios de esta parte sur, del Pueblo Mapuche Tehuelche, y de todos los pueblos originarios.

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Ahora bien, a partir de las reflexiones de Lorenzo es que nos preguntamos ¿Qué sucede cuando el Pueblo Mapuche no tiene una sola manera de atender su salud? ¿Quiénes monitorean y establecen realidades únicas sobre cómo comprender la salud y los derechos en relación a esta? ¿Qué sucede si no hay una única forma de comprender el territorio? 

Pero me parece que el plan de los capitalistas o de las minorías que gobiernan a diferentes gobiernos del mundo no están dejando otras vías, sino lo que quieren es aniquilarnos (…) Digamos que a la luz de la experiencia de estos años que tanto el estado nacional argentino como las provincias feudales de toda la Argentina han hecho todo lo posible para negar los derechos a los pueblos originarios. Se ha tenido que prorrogar cerca de tres veces la ley 26.160 sin que se concrete… Entonces como conclusión creemos que nunca se han efectivizado las políticas de salud, hasta el día de hoy el ejercicio de la medicina no solo del pueblo mapuche, está negado como otros sistema de salud. Entonces hay un totalitarismo de que la única forma de curar es el hospital. Pero para los pueblos indígenas la salud está asociada a que el ambiente esté sano, eso está expresado en el art. 41 de la constitución nacional.

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Para Lorenzo el contexto de pandemia ha  profundizado problemas estructurales de larga data. En este sentido es que él explica que “ya de antes se estaban creando las condiciones” para ciertos escenarios:

Tal vez sí estos incendios tienen una intencionalidad [se refiere a los actuales incendios producidos en la región norte del país] de no dejar a los pueblos originarios con plantas medicinales que los pueden salvar del Covid o de otras eh… digamos… fuerzas naturales que nos pueden proteger de estos virus, ¿no?  Pero insistimos en que no es un problema que apareció con el Covid, sino tal vez ya de antes se estaban creando las condiciones. Los mismos modelos económicos de toda Latinoamérica regresivos, donde los trabajadores que en su mayoría son mujeres indígenas, criollos, afro están ganando mal, entonces comen mal…

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

En contraposición a las formas hegemónicas que definen la medicina alopática y las formas de curarse (ya sea con el uso de medicamentos o vacunas) Lorenzo repuso cómo el lawen implica una forma diferente de sanar: 

Igual también es como todo, lo que es genérico es dudoso, como la vacuna, porque cada persona tiene su tamaño, su peso, su contextura física. Entonces, como que también eso hay que irlo calibrando, no es un genérico para todes. Sino que se va viendo, porque cada persona, cada fueguito es un mundo, entonces no se puede disparar con un cañón. Sino hay que ser específico, cada persona, cada ser necesita de las plantas lo que necesita, es muy feo eso de hacer un remedio genérico y no funciona así la salud del pueblo originario.

(c.t. L.L., septiembre del 2020).

Es en ese mismo sentido de la sanación y la especificidad de la medicina mapuche que el lawen da cuenta de una relacionalidad particular entre paciente y territorio. De allí  también su distanciamiento respecto de la idea de “ medicamento genérico”, que es vinculada con la producción industrial y el consumo masivo, como reflejan las palabras de una  mujer militante mapuche de Bariloche: 

El lawen no es un medicamento, los mapuche no fabrican lawen como una farmacéutica. Se ve a la persona, se buscan las plantas, se prepara el lawen, se le indica cómo tomarlo y cada uno tiene su remedio, no es un medicamento, es un “lawen”, ese es el nombre …

(Transcripción personal, Santisteban, 2019).

Esto se debe a que en la medicina ancestral mapuche el origen de las enfermedades no es exclusivamente orgánico, sino que también manifiesta cuestiones espirituales. En muchos casos, las personas enferman porque no están desarrollando el rol que deberían en su comunidad, o porque han producido –tal vez sin saberlo– un desequilibrio en las relaciones con el entorno. 

El relato de la trayectoria de Lorenzo con el lawen arroja luz sobre diferencias en las maneras de comprender el mundo y la salud.

Sus palabras abordan diferentes problemáticas históricas en torno a las relaciones entre pueblos originarios y estados nacionales, a la vez que evidencian el incumplimiento sistemático de normativas internacionales en relación con el derecho indígena. Dejan al descubierto no solamente que las lógicas extractivistas –en las que confluyen estados nacionales y corporaciones internacionales– continúan violentando el territorio, sino que en ese mismo accionar provocan procesos de salud enfermedad que afectan al Pueblo Mapuche Tehuelche –y a otros pueblos originarios– en sentidos específicos. En tanto kimvn, la medicina ancestral constituye un conocimiento que posibilita autonomía respecto de la medicina alopática, pero tal autonomía está en relación directa con el cuidado del territorio. Sin humedales, bosques, agua pura, no solamente habrá enfermedades, sino que será muy difícil restablecer la salud para el Pueblo Mapuche Tehuelche. 

Frente a estas formas de explotación del territorio, la memoria del lawen, resguardada en prácticas cotidianas de cuidado, abre la comprensión a una forma de vincularse con el entorno en la cual humanos y no humanos acuerdan modos de relacionarse caracterizados por el respeto y el afecto como aspectos insoslayables de la salud.

Notas:

(1) Algunas de las palabras escritas en mapuzugun fueron editadas por Lorenzo Loncon con el grafemario Raguileo.

Referencias bibliográficas:

Briones, C. (2005). Formaciones de alteridad: contextos globales, procesos nacionales y provinciales. En Cartografías
argentinas: políticas indígenas y formaciones provinciales de alteridad (pp. 9-39). Antropofagia.

Pollack, M. (2006). “Memoria, olvido y silencio”. En Memoria, olvido y silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite. La Plata: Ediciones el Margen, Pp. 17-32.

Santisteban, K. (2019). Entrelazando mundos a través del Lawen. Procesos políticos y afectivos de la memoria, (tesis de licenciatura). Universidad Nacional de Río Negro.

Para ver otros ensayos relacionadas con lawen ingresar a https://gemasmemoria.com/category/que-corra-la-voz/ensayos/lawen/

Publicado por

Kaia Santisteban

Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) – Becaria doctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDYPCA). Adscripta de Antropología del Control Social en la Universidad Nacional de Río Negro.