El camino del lawen: conversación con Rosa Ñancucheo, lawentuche de la lof Lago Rosario (Chubut)

“Tenemos un tiempo para todo, un tiempo para reflexionar, un tiempo para respetar y un tiempo para reencontrarnos nosotros mismos. Y en todo está el camino del lawen” 

Por Mariel Bleger, Ayelén Fiori y Kaia Santisteban

En los últimos meses en nuestro país (y en el resto del mundo) la pandemia por el Covid- 19 ha ido permeando las agendas nacionales haciendo que el tema de los cuidados y la salud sean más visibles que en otros momentos de la historia. Sin embargo, han sido también estas puestas en escena las responsables de permanentes jerarquizaciones de ciertos saberes sobre otros. Muchos discursos han circulado llamando a la concientización sobre distintas dimensiones del contexto como una oportunidad para pensar los modos en los que se puede vivir mejor. Pero, mientras los medios más hegemónicos, algunas políticas coyunturales y ciertos discursos que se fueron estabilizando presentan  el “problema” como “algo nacido de este contexto”, los pueblos indígenas hace años que tomaron voz pública para defender, recrear y demandar su derecho a un mejor vivir.

En tiempos donde solo unas pocas voces acceden a los medios de comunicación, entendemos la importancia de utilizar todas las herramientas que estén a nuestra disposición para que las conversaciones que muchas veces suceden en los territorios de las comunidades mapuche –territorios que recorremos en tanto antropólogas– lleguen a otras personas con sus propias agendas políticas y urgencias. Para ello, charlamos con Rosa Ñancucheo, lawentuchefe del noroeste de Chubut, mujer militante desde hace muchos años en la historia del Pueblo Mapuche-Tehuelche. Rosa, a sus sesenta y un años, ha llevado una vida abocada a la transmisión y práctica de los conocimientos de su pueblo.

Debido al contexto de aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO), los intercambios los mantuvo una de nosotras virtualmente. Sin embargo, antes de empezar la conversación con Rosa –quien administra el tiempo de sus palabras porque sabe que al compartir un pedacito de su pensar nos está compartiendo su kimün como mujer mapuche y lawentuchefe– ella nos advierte: 

“Voy a responder algunas preguntas a medida que las vaya sacando (…) tal vez las respuestas son largas, pero no se puede hablar rápido y abreviadamente cuando se está explicando parte de una cosmovisión”

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

Esta determinación en el uso de la temporalidad nos deja pensando a quienes estamos del otro lado del grabador en la responsabilidad que tenemos de no imponer ritmos mezquinos. En este sentido, Rosa nos enseña acerca de tomarse en serio “el tiempo de recibir”: sus formas de narrarse, sus maneras de contarse a sí misma, sus reflexiones en torno a cómo viven las mujeres mapuche este contexto tan apremiante, sus relatos acerca de cómo se llega a ser lawentuchefe, y sus reclamos en relación a cómo las medidas de aislamiento por la pandemia afectan tratamientos que se venían llevando a cabo con la medicina ancestral mapucche.

Estas son algunas respuestas que fueron “saliendo” de la voz de Rosa para ayudarnos a pensar la gravedad de imponer una sola idea a la hora de entender los procesos de salud-enfermedad-cuidados y atención sobre todos los cuerpos que habitan el territorio llamado Argentina. 

“Nos hemos visto afectados en el sentido de que se nos ha privado, se nos ha restringido, se nos ha encerrado, se nos ha privado de nuestra curación de nuestros lawen, de la recolección de los lawen, de visitar a nuestras machi para seguir arreglando problemas corporales nuestros. Nos ha afectado en diferentes formas, en lo espiritual, en la sanidad, en lo mental. Somos personas muy espirituales y no hemos podido hacer nuestros kamarikun, nuestros gillatun que son importantes para nosotros, nos han privado de muchísimas cosas. Nos han privado de ser nosotros mismos, esta parte el Estado no lo entiende”

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

La preocupación de Rosa ante las restricciones de circulación que  impiden continuar los tratamientos con los y las machi y levantar ceremonias colectivas como kamarikun y gillatun, centrales en los procesos de salud,son uno de los temas que más han angustiado a las comunidades en el último tiempo. Rosa especifica que la alteración de los ciclos de ceremonias y compromisos espirituales con los seres y las fuerzas del territorio afecta no sólo la salud física o espiritual sino, sobre todo, la integridad del “ser mapuche”. En este sentido es que Rosa señala:  “nos han privado de ser nosotros mismos”. 

Historias de despojo

Los saberes que Rosa Ñancucheo nos comparte se entraman, por un lado, en su propia historia de vida que, al igual que la de muchas mujeres mapuche, está marcada por migraciones no deseadas y traslados del campo a la ciudad desde edades tempranas. Y, por otro lado, en una historia más amplia y profunda de despojos territoriales que también van moldeando las formas de transmisión de ese conocimiento que nos cuenta le fue heredado. 

En el año 1937 se consumó uno de los más violentos desalojos de la Patagonia, “el desalojo de Boquete Nahuelpan” (provincia de Chubtu), en el cual se expulsó a todas las familias del Pueblo Mapuche-Tehuelche que allí habitaban, después de incendiar sus casas y expropiar sus campos. Como consecuencia de esto, las familias se dispersaron, empendiendo diferentes rumbos en búsqueda de un lugar donde “vivir tranquilos” y “volver a levantarse”. La bisabuela de Rosa Ñancucheo fue desalojada de Boquete Nahuelpan y le transmitió a su nieta el sufrimiento de esos años:

El desalojo del treinta y siete fue algo muy doloroso. Yo no lo viví en carne propia. Pero sí mis abuelos lo vivieron. Y ellos contaban. Y cada vez que contaban yo recuerdo que mi abuelita lloraba y me decía: “Nos desampararon a todos. Nos quemaron las casas, perdimos a nuestra familia, porque fue como que nos dispersaron tanto que una familia fue a parar a un lado, y otros a otro lado”. Y ahora para poder volver a unirnos es muy difícil, éramos todos una familia. No solo a Lago Rosario llegaron las familias, sino que se dispersaron en Sierra Colorada, Corcovado, Sierra Colorada, Esquel, Cerro Centinela, Cañadón Grande, Costa de Lepa, se dispersaron para todos lados, para buscar una orientación para vivir sin que nadie los viviera corriendo.

(Rosa Ñancucheo, e.p. recuperada en: Fiori, 2020).

Después del desalojo, la familia de Rosa quedó deambulando por diferentes parajes, hasta que finalmente se instalaron en Lago Rosario, donde fueron hospedados por otras familias allegadas. Pero a muy temprana edad Rosa debió valerse por sí misma, alejándose de su comunidad y mudándose a Esquel por trabajo:

“De que vivir vivía pero no sabía quién era, me perdí en el mundo, como cualquiera se pierde, uno capaz dice son locos, pero no es la locura, sino la falta de espiritualismo que uno tiene. La falta de recibir un saber, de aceptar que una viene de una cosmovisión rica e importante y nutrida de conocimientos, a veces una por el desconocimiento propio de una misma los abandona o por no tener el apoyo moral o el apoyo familiar o quien la oriente. Yo me había venido acá al pueblo. Empecé a buscar orientación.

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020).

Sin embargo, los desplazamientos a los que Rosa se vio forzada no lograron “desconectarla” de su “ser mapuche”. Lejos de eso, los hechos vividos de niña con su bisabuela, los conocimientos y las memorias de los antiguos de la familia se convirtieron en los sentidos de pertenencia y apego que la orientaron en los peores momentos y le dieron fuerzas para “levantarse”.

“Volver a levantarse” desde el lawen

Los procesos de despojo que ha vivido el Pueblo Mapuche-Tehuelche desde las campañas militares de fines del siglo XIX y durante todo el siglo XX tuvieron un fuerte impacto en los procesos de salud mapuche. Principalmente porque muchos de los conocimientos mapuche acerca de la espiritualidad y medicina mapuche fueron estigmatizados y perseguidos, dejando como consecuencia la clandestinización y fragmentación de sus prácticas y el desparramo de estos saberes en cada uno de los territorios. Sin embargo, una manera de “resguardarlos” fue a través de la trasmisión cotidiana que se siguió realizando en la intimidad de los hogares, familias y comunidades a lo largo de las distintas generaciones. 
Rosa se crió en Lago Rosario (Chubut) junto a su bisabuela, quien era machi, y de quien aprendió muchos de los saberes sobre cómo curar y sanar con lawen. Ella recordó que cuando era niña su bisabuela le enseñaba las maneras en que debía recolectar el lawen en las zonas cercanas de su territorio y cuáles eran los mejores horarios para hacerlo. También le enseñó sus usos y formas para reconocer las plantas medicinales, las ceremonias que debían hacerse en el lugar, y la importancia de “pedir permiso” antes de retirar un lawen de su entorno, de intercambiar con los newen (fuerzas) y de hablar en mapuzugun:

“Cuando era muy pequeña, a los cuatro o tres años, solía salir con mi hermana mayor a recolectar los lawen para mi abuelita. Antes que nada siempre hacíamos con mi abuelita un gellipun, como era machi ella lo hacía. Primero que nada nos hacía como quien dice purificar. Teníamos frente de mi casa un canal que corría y nosotras todas las mañanas tempranito, solíamos estarnos bañando ahí en ese canal, del agua que corría de arriba, porque ella decía que nos purificaba a nosotros. Y con eso íbamos a adquirir conocimiento. Así que bueno, eso hacíamos. Y ella nos lavaba con el mismo agua del río, era grande. Ella nos bañaba hablando el mapuzugun y nos empezaba a echar agua desde la cabeza a los pies. Decía que con eso encontraríamos y reconoceríamos  fácilmente el lawen que ella nos mandaba a buscar. Después de ese gellipun nos abrigábamos y salíamos en plena oscuridad. Nosotras traiamos exactamente el que nos mandaba a buscar. Yo puedo decir que en aquel entonces no sabía nombres, no nos decían los nombres del lawen. Mi abuelita decía que soñaba siempre con el paciente que iba a llegar y sabía qué enfermedad traía. Después ella ponía como quien dice a cocinar ese lawen. Lo ponía en su olla de agua caliente, y lo dejaba para que se enfríe. Porque decía a tal hora va a llegar mi paciente y tengo que tener mi lawen frío para que el lo pueda tomar y llevar a su casa. Yo creo que es así como una lawentuchefe se va haciendo…de a poco pero de siempre.”

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020).

De acuerdo con el relato de Rosa, las lawentuchefe son personas conocedoras de la medicina mapuche y de las propiedades del lawen para su uso curativo: 

Una lawentucehfe es una persona que se viene formando desde chica a la par de una machi. Hay una transmisión de ese conocimiento de las hierbas y los lawen. Hay una parte que no podría explicarla, porque muchas veces ni yo puedo entenderlas”

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

A su vez, Rosa nos contó que también recibió ciertos saberes –conocimientos, habilidades y mandatos– sobre el lawen a través de los pewma (sueños).  La noción de pewma –con la que el Pueblo Mapuche-Tehuelche refiere a cierto tipo de sueños– podría ser traducida como “la persona que ve durmiendo”. 

 Mi familia empezó a soñar conmigo, entonces ellos vinieron a mí porque se enteraron por medio de sueños de que yo estaba desorientada. Ellos me levantaron, me hicieron un gellipun, y así me levantaron. Así a medida de que fue pasando el tiempo también fui sabiendo primero fueron los lawen, después de los lawen fueron los telares, los ñimin mapuche que me presentaron, por último, me presentaron mi conocimiento mismo, que yo ya lo tenía pero la mantenía guardadito, protegido, muy protegido dentro de mí”

En los pewma se pueden hacer presentes los antepasados (fütakecheyem), como por ejemplo, un abuelo, una abuela, una madre, un padre, o cualquier otra persona fallecida cuya presencia ha sido significativa en la vida de esa persona. Para Rosa estos pewma son una manera muy importante de seguir aprendiendo en conexión con sus antepasados acerca del lawen:

Hoy por hoy muchas personas dicen que son lawentuchefe y a veces es así porque el conocimiento es muy amplio y grande. Cuando mi abuela fallece a mis 10 años yo me quedo huérfana. A los 15 años en un pewma (sueño) me llevaron a mi comunidad nuevamente y me presentaron todos los lawen. En mi sueño había una mesa larga y ahí aprendí todos los lawen de vuelta. Lawen que utilizaba con mi abuelita. Fue en sueños que aprendí a reconocerlos visualmente, por eso si hoy los tengo que buscar los puedo encontrar porque hasta el sitio me dieron. Sé dónde están y cuáles son, sé cuándo los tengo que levantar, sé por qué los tengo que levantar. Yo no voy en cualquier momento a levantar un lawen sin que me lo pidan en mis sueños. Esa es, para mi, una verdadera lawentuchefe. Pero no hay que confundir, yo no soy machi. Para serlo  tendría que haber tenido el sueño de machi, me tendrían que haber entregado todo en sueño y haberme instruido para fortalecer mis conocimientos. Yo soy una persona mayor pero no soy la dueña de la sabiduría. Soy una lawentuchefe. Yo tengo mis sueños y recolecto mis lawen cuando me lo anuncian. Hay veces que los lawen me piden que los levante. Cuando yo camino por la comunidad o alguna comunidad siempre los lawen se ponen frente a mi, y a veces que yo los levanto y si no le transmito a otra persona que los levante. Pero de ahí a saber el nombre no sé. Cuando la persona está preparada para recibir el nombre del lawen yo lo sueño y entonces entrego mi conocimiento. Cómo se prepara o cómo se llama no puedo decirlo, son cosas que a nosotros nos preparan desde muy chicos por pewma y durante toda la vida.

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

El lawen, hecho a base de ciertos elementos de la naturaleza, particularmente de plantas, animales o minerales, se obtiene y se usa rigiéndose por conocimientos más amplios sobre las fuerzas (newen, ngen) del entorno y las normativas mapuche de vinculación con los ancestros y con el territorio.

El saber de nosotros viene desde muchas décadas atrás. Nosotros por sueño, por visiones, por traspase como quien dice, aprendemos este conocimiento, aprendemos este saber. Antiguamente las personas recibían, como toda persona mapuche recibe su responsabilidad. La cosmovisión mapuche tiene un sistema, no es un sistema cualquiera, no hay un presidente que ordena “vos vas hacer esto, vas hacer acá”. Nosotros no somos ordenados por personas sino por conocimientos que vienen desde la espiritualidad, que vienen desde el cosmo, quizás por ahí de una revelación.

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020).

Ahora bien, estos conocimientos heredados han debido resistir la impugnación de una sociedad que no reconoce la preexistencia del Pueblo Mapuche-Tehuelche, y que, en consonancia con ello, banaliza, cuestiona y estigmatiza –haya o no pandemia mediante– sus historias, saberes y modos de vida. Sin embargo, como subraya Rosa, las personas mapuche continuaron levantando el conocimiento del lawen de distintas formas y en diversas prácticas.   

“Nosotros como comunidades mapuche sabemos que nos podemos reiniciar nuevamente”

Sanar con la medicina mapuche no implica solamente sanar enfermedades, afecciones de salud o heridas físicas en el cuerpo de una persona. Implica también sanar heridas que calan en las memorias, en los territorios, en las pérdidas del conocimiento mapuche y de las autoridades espirituales, en las desvinculaciones y en las subjetividades colectivas. Luego de tantos años de despojos y silencios, la práctica de sanar con lawen permite a las nuevas generaciones no sólo conectar con los saberes antiguos, sino también actualizar sus vínculos con las fuerzas del territorio (gen, newen) y con los antepasados: 

“Nosotros como comunidades mapuche sabemos que nos podemos reiniciar nuevamente, sabemos que no está todo perdido, sabemos que encontramos eso (…) El lawen es importante para nosotros porque es un conocimiento que ha venido fluyendo desde muy antiguos tiempos. Nuestros ancestros también han soñado como soñamos nosotros cuando han tenido malestares y le han dicho cuáles son los lawen importantes para cada una de las enfermedades y cuáles son las partes de nuestro cuerpo. Por eso las sabemos igual que un médico, podemos visualizar la enfermedad. Este conocimiento debe ser usado por las personas responsables, las guardianas como nosotras, las lawentuchefe”

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

Las reflexiones de Rosa sobre la medicina mapuche y el rol de lawentuchefe no solo se entramaron con la historia del Pueblo Mapuche – Tehuelche y con su propia historia de vida, sino también con el contexto actual de aislamiento preventivo y obligatorio.   

La imposibilidad de practicar el lawen en contexto de pandemia

El contexto de la pandemia y las medidas del ASPO han reforzado la idea de que algunas formas de sanar deben estar más autorizadas que otras. Por ejemplo, aquí en Puelmapu (en lo que actualmente se reconoce como la República Argentina), el contexto de pandemia afectó profundamente las vidas cotidianas de quienes atienden su salud con pu lawen, machi y lawuetuchefe. Rosa observa con mucha preocupación el hecho de no poder reanudar los tratamientos de salud que se vieron obligados a interrumpir desde el mes de marzo.

Las lawentuchefe tenemos que saber en qué momento tenemos que recolectar esa medicina y este año nadie ha podido recolectar su medicina porque no nos han permitido, y bueno nos han privado de un montón de cosas, hasta de entregar nuestros saberes (…) no sé si podemos recuperar o seguir ayudando al paciente que teníamos porque ya se perdió una parte, ya no hizo su tratamiento completo.

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

Para Rosa no solo se vio afectado el trabajo específico de las y los lawentuchefe, sino también, el entramado más amplio de los circuitos terapéuticos en los que las y los machi cumplen un rol central.

(Las machi) se han visto afectadas en muchos sentidos, porque nosotros recurrimos a las machi de allá, de la Gulumapu, de Chile. El machi ya viene preparado con todas sus cosas, con todo su conocimiento, para curar hasta espiritualmente (…) Entonces se han visto afectadas en ese sentido de la discriminación, que le han quitado, le han revisado, le han tirado, le han destrozado el lawen que traían. Pero la gente que hace eso no sabe que nos está dañando espiritualmente, no solamente está rompiendo, está quebrando o está sacando o está tirando, sino que nos ha roto parte de nuestra vida, nos ha privado de nuestros saberes, nos están quitando el derecho de ejercer esa medicina, nos están quitando el derecho de poder avanzar en el conocimiento de la transmisión de los lawen o de la curación o nos han privado de poder ayudar a otras personas. 

No solamente pacientes mapuche como le decía, sino también pacientes winka que han recurrido a muchas machi que empezaron a frecuentar estos lugares y ahí en ese sentido se han visto afectadas las machi, al privarles de ejercer su medicina libremente (…) Entonces, queremos que su paso sea libre, que su medicina las acompañe, porque es una compañía la medicina para ellos, es una fortaleza espiritual, es el traer un pedacito de su lugar de origen hacía acá para no solo venir solar, para reencontrarse con sus ancestros de este lado y traer su cosmovisión del otro lado, por eso es importante que ellas puedan venir con sus lawen, porque es una fortaleza, ellos traen hacía acá, nosotros nos hermanamos hacía allá

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

Rosa inscribe sus tareas cotidianas de militancia en esta lucha y sostiene sus convicciones al respecto. El Pueblo Mapuche-Tehuelche seguirá peleando por revocar los términos de una perspectiva occidental y moderna que niega o delimita los tratamientos con lawen (y todo lo que esto implica). Llegará un momento, afirma, en que estos saberes no solo dejarán de ser impensables para las políticas públicas sino que también tendrán que ser respetados en sus circuitos autónomos.  

Yo digo que tenemos que empezar a exigir algunos derechos como comunidad indígena. Que se hagan visibles y que seamos tomados en cuenta porque nosotros también sabemos de medicina. Tenemos nuestros derechos como comunidad indígena, lo dice la constitución argentina, ya no queremos más dsicriminación. El prohibirnos de nuestras curaciones, nuestra lengua, prohibir nuestros saberes y conocimientos son todas formas de discriminacion. Ya no queremos más eso, queremos ser libres, queremos que se nos respete. Al igual que  nosotros respetamos a mucha gente que ha venido de otro continente y nunca le hemos faltado el respeto. Vienen, practican su medicina, su lengua, su cosmovisión, su comida, sus conocimientos y les respetamos. Pero nosotros que somos nacidos y criados en este lugar, somos los que frecuentamos y cuidamos este territorio, y se nos prohíbe ser nosotros mismos. 

Queremos ser nosotros, con todas las palabras mapuche, hijos de la tierra, gente de esta tierra, que se nos reconozca así, que no se nos trate más de cabecitas negras o indios. No lo somos, somos mapuche.Tenemos un saber que nadie nos entiende pero de una vez por todas nos gustaría que nos empiecen a entender, nosotros respetamos los conocimientos de todas las personas y bueno esperemos que este Estado también a nosotros nos respete, no solo a nosotros sino a todas las comunidades indígenas, a todas por igual porque todas tenemos un saber, un conocimiento que hemos traído ancestralmente

(Rosa Ñancucheo, conversación personal, 2020)

Publicado por

Kaia Santisteban

Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) – Becaria doctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDYPCA). Adscripta de Antropología del Control Social en la Universidad Nacional de Río Negro.