Lo que el eclipse solar oscurece: qué reflexiones están quedando en la sombra

Por Tomás Cañicul Quilaleo y Malena Pell Richards

Echar luz sobre un eclipse parece una contradicción, pero resulta necesario cuando algunos significados se estandarizan, se esencializan o incluso idealizan. Este escrito busca hacer frente al reduccionismo, tirar abajo estandartes inalcanzables de lo que una “cosmovisión” o “cultura” debe ser-decir-pensar; tiene el propósito de correr el eje y evitar que cale aún más un proceso de turistificación y mistificación en torno al conocimiento mapuche en relación al eclipse solar. En diálogo con la FM CHE Comunitaria (90.5 de Junín de los Andes) y en la nota de El Tábano Digital “El eclipse de sol en territorio mapuche”, Tomás Cañicul Quilaleo reflexionó e indagó sobre algunos sentidos sobre este evento trascendental, no sin antes, presentarse nombrando también a su madre, padre y contando quienes eran sus abuelas. Nuestra motivación para escribir aquí y decir todavía un poco más sobre este asunto nació días atrás, conversando sobre la entrevista a la que haremos referencia en el escrito. Dicha conversa en el aire de la FM CHE intervendrá nuestro texto que no es más que aquellos asuntos que nos habían quedado desde aquel día en el tintero.

La franja visible del eclipse: el contexto

Quienes habitamos las zonas donde el eclipse será observable podremos dar cuenta de la presencia de este suceso, que tanto se nombra en las conversaciones cotidianas y en las publicidades turísticas que buscan en el mismo un respiro (comercial) luego de los meses de ASPO. Nosotrxs escribimos desde Junín y San Martín de los Andes (Neuquén), localidades reconocidas como enclaves turísticos importantes para la provincia de Neuquén, y también a nivel de la Patagonia. Desde aquí, los significados y preceptos que conforman los discursos turísticos suelen resonar también en las interacciones cotidianas; estos imaginarios publicitarios operan de tal manera que nos vemos muchas veces obligadxs a actuar, pensar y actualizar esas prácticas para cumplir con las expectativas del turista, fundamentalmente porque se nos dice que “todos vivimos del turismo”. Estas formaciones discursivas organizadas por los discursos del turismo también regulan las construcciones locales de otredad, particularmente sobre “lo mapuche” o “los mapuche” y en consecuencia muchas prácticas y saberes. Esto fue construyendo ciertos condicionamientos que se complementan con la imposición del mercado y los efectos estigmatizantes de las matrices locales de alteridad, lo que en conjunto va reforzando una idea particular de “lo mapuche” como una mercancía más de la industria turística. Y esto ocurre, muchas veces, sin posibilidad alguna de negociar formas de participar o de ser parte de esos proyectos turísticos. Quizás es por esto (y sin malas intenciones) que nos surgió la decisión consciente de volver al mapuche kimün respecto a dicho suceso del eclipse, y contraponer esos énfasis, a los propuestos por el evento turístico.Observamos que tanto las empresa del turismo –narrando el eclipse al estilo leyenda– como los críticos al modelo turístico –describiendo el eclipse como señal de catástrofes– simplifican sus complejos sentidos. Uno de los objetivos de este escrito es aprovechar este suceso para seguir construyendo consensos sobre este suceso, pero también como ejercicio para buscar otras maneras de interpretar diferentes asuntos por fuera de la colonialidad.

Los espacios de información sin colonizar son difíciles de encontrar. Invitamos a hacer una búsqueda rápida en internet ingresando las palabras “eclipse solar y cosmovisión mapuche” para observar el gran desafío que deben enfrentar quienes trabajan y apuestan por la comunicación popular, a la hora de ampliar estos debates sin caer en la agenda del “mal augurio o presagio del eclipse” al que nos llevan estos días de pandemia. Con estas ideas en mente, decía Tomás en aquella conversa radial en la FM CHE Comunitaria:

Es súper reduccionista la mirada colonial clásica donde somos indios salvajes que no entienden el eclipse, entonces lloran y hacen ceremonias porque no están entendiendo qué está pasando (…) corrámonos un poquito del eje del eclipse. Para entender cómo se ve desde la cosmovisión mapuche el eclipse, hay que entender la cosmovisión mapuche”

(T.C e.FM CHE 2020)

Entonces, antes de hablar, debemos escuchar. Al menos así es como entendemos que va la mano a la hora de transmitir enseñanzas heredadas y aprendidas. Por eso, antes de participar en el aire de la FM CHE, Tomás retornó en su memoria a viejas conversas e inició otras nuevas en su casa y con gente de otros puntos geográficos. Con esta investigación previa estaba haciendo honor a lo antedicho:

“Por lo que aprendí de mis abuelas, el kimün, el conocimiento, no habita en una persona o en un lugar, sino que se desparrama por todo el wallmapu…sí vos escuchás a los pichikeche, a los mayores, a distinta gente, a los vecinos, a los padres, madres, de esa manera uno puede acercarse al kimün (…) entendiendo que, en otros territorios hay otros kimün que fueron resguardados”

(T.C e.FM CHE 2020)

Las consecuencias de negar estas formas de conocer/aprender las vemos y vivimos diariamente, pero, entre estas, nos alarman especialmente las certezas idealizadas que dejan poco lugar a la construcción de entendimientos locales que pueden, sin suponer una contradicción, ser también diversos. Nos preguntamos entonces si el camino para evitar que la cosmovisión mapuche forme parte de los paquetes turísticos es culturalmente encasillando una mirada sobre el eclipse o si, por el contrario, deberíamos trazar múltiples rutas más afines a esos conocimientos que Tomás describió como: “un kimün mapuche diverso, humanizado, dónde no tenemos porqué coincidir todos…pero dónde podemos dialogar”  (T.C e.FM CHE 2020)

La siguiente pregunta, entonces, es ¿Por qué el eclipse tiene tanto peso dentro de la cosmovisión mapuche? 

Ante todo: reciprocidades

Las preguntas claves a la hora de pensar en el día del eclipse parecen ser ¿Qué hacer? ¿Cómo y para qué? ¿Con quienes? Y en ese volver a lo que se entiende que siempre se realizó emergen los gellipun o ceremonias y los relatos sobre esos momentos enmarcados en el suceso trascendental del eclipse solar. Un primer paso sería comprender en profundidad qué es una ceremonia:

 “Las ceremonias son un hacer que generan construcción de una identidad colectiva. Esa identidad colectiva, ese sentimiento de comunitariedad sirve para mantenernos fuertes frente a la eventualidad de sucesos. Por eso se hace ceremonia, para tener esa garantía de que, a pesar que el sol se oscurezca, vamos a estar juntos, por ejemplo”

(T.C e.FM CHE 2020)

Luego, nos podemos preguntar ¿Para qué o por qué hacer una ceremonia? Cuando preguntamos esto, algunas de las respuestas compartidas partieron de expresar que las ceremonias se levantan “porque así siempre se hizo” o “porque esto es lo nuestro, lo que nos hace mapuche”, para luego incorporar otras reflexiones:  

“El porqué se hace una ceremonia tiene que ver con la reciprocidad, entender que somos parte del territorio, que no somos espectadores…que no es un show que ocurre para nosotros sino que son complejas relaciones que, estando o no estando nosotros, van a pasar igual. El sol, la luna y la tierra se vincularán entre ellos independientemente de nosotros, pero igual nos atraviesa y somos parte de eso porque somos parte de la tierra… nosotros junto con los animales, los árboles, el agua…hacer ceremonia en esos momentos tiene que ver con la reciprocidad”

(T.C e.FM CHE 2020)

Resuelto el para qué y por qué vamos al ¿Para/Con quienes?:

“Pensamos en llevarle tranquilidad a nuestros mayores, las ceremonias se hacen por eso… por una continuidad cultural y comunitaria. Pero también para una enseñanza a nuestros pichikeche (niñxs). Imaginense ser un niño y ver que se oscurece el día y nadie hace nada…el mapuche kimün tiene una respuesta para eso, dice: ‘gente es un evento extraordinario, vamos a ser parte de esto’. Por eso se hace gellipun o se hace lo que se hace”

(T.C e.FM CHE 2020)

Lo aprendido y heredado se encarna en distintos lugares y momentos, como en un eclipse, en las ceremonias, en los gülam o consejos, o en recomendaciones. Se trata de un conocimiento en marcha que no suele ser evaluado jerárquicamente; un saber cuya diversidad no supone necesariamente contradicción. Por ejemplo, ¿Cómo se nombra al eclipse solar desde el mapuzugun? Lhay antü, Zümiñi ta antü, Malogi ta antü. En algunas de estas formas de nombrar aparece la idea de muerte y en otras, de oscurecimiento.  En definitiva, no hay una forma correcta  única como tampoco alguna más apropiada que otra:

“Prestar atención a las enseñanzas respecto al eclipse nos permite habitar el territorio con una determinada actitud…entendiendo que no somos el centro del wallmapu, para nada, y que este eclipse va a pasar haya seres humanos o no. Entonces, corrernos de este antropocentrismo y pensar en la idea de la ceremonia con la idea de gratitud. Que es una cuestión muy fuerte en cuanto emoción (…) realmente es casi el sentimiento antagónico de la soledad (…) es uno de los pocos momentos donde el foco es el otro, estás agradecido por ese vínculo. Las ceremonias son tan importantes en términos de gratitud…”

(T.C e.FM CHE 2020)

Reflexiones sobre el eclipse y el mapuche kimün: este territorio es también del sol

Escaparle a la lógica occidental supone eludir los binarismos -lo bueno y lo malo, lo negativo y lo positivo- e implica abrazar la gran diversidad de sentidos que subyace oculta detrás de esas visiones dicotómicas, las que también se impusieron en la definición del eclipse: “Lo que efectivamente es este eclipse es un momento complejo al igual que lo son otras manifestaciones naturales”  (T.C e.FM CHE 2020). Ahora bien, ¿De dónde surge este frenesí por querer saber qué catástrofe traerá el eclipse o qué hacer para contrarrestar “lo negativo”? Entre las respuestas que barajamos, consideramos que el germen de esta actitud implica un desarraigo y una poca –o casi nula– relación con lo que llamamos naturaleza. La naturaleza no es ni buena ni mala.

A modo de conclusión, y volviendo sobre esas enseñanzas aprendidas/heredadas, citamos un relato, de esos que resumen e iluminan, al mismo tiempo que amplían: 

“Una vez que llovió mucho en Junín y se complicaba mucho la vida de la gente en las tomas, pensaba hasta en maldecir la lluvia…¿por qué el territorio nos castiga tan duro? y escuchando el kimün de mi abuela Ramona entendí que en realidad nosotros estamos habitando una casa que no nos corresponde. Este territorio es de la lluvia. Nosotros venimos a vivir a la casa de la lluvia… la lluvia se va durante el verano y vuelve todos los inviernos… porque esta es su casa. Nosotros, como las hormigas y los teros, tenemos que entender que al ser esta la casa de la lluvia nos tenemos que preparar y acomodar para recibirla bien en su casa. Mi abuela me decía ‘¿Cuándo fue la última vez que engrasaste tus borcegos?’ y yo le digo: ‘ay…no se’. ‘¿Y por qué espera que llegue la lluvia para engrasar sus borcegos?’….”

(T. C conversación personal, 2020)
El eclipse solar, las voces desde el territorio – Tomás Cañicul-FM CHE COMUNITARIA: Agitando el Avispero

Publicado por

Malena Pell Richards

Lic. en Ciencias Antropológicas con orientación Socio-Cultural. Universidad Nacional de Río Negro-IIDyPCa