La subjetividad del pueblo mapuche en el contexto de colonialidad actual

Por Juan Martiniano Delrio

No hay duda que son muchas las imágenes, escritos y concepciones que se han producido a lo largo de la historia en torno al pueblo Mapuche. Sin embargo, cabe destacar que estas comparten, en su mayoría, la premisa de enfocar a las comunidades desde un punto de vista colonial hegemónico, construyendo un marcado esquema de pensamiento a partir del concepto de otredad (Restrepo, Rojas, 2010). Este mismo sirvió -y aún sirve- para legitimar las diferencias entre la sociedad Mapuche y la sociedad blanca argentina las cuales han sido reforzadas a lo largo del tiempo a partir de distintos sucesos que generaron imágenes con una plusvalía determinada (Mitchell, 2005). Si bien ha habido cambios a lo largo del tiempo, estas diferencias representadas en imágenes siguen existiendo, en el contexto de un modelo económico neoliberal mundial, disfrazando sus enunciados en base al efecto que se necesite causar en el grueso de la población.

Hoy en día, a lo largo del territorio argentino y sobre todo en la ciudad de Bariloche donde se pondrá el foco en este ensayo, rige una conceptualización del pueblo mapuche, en general, como un pueblo peligroso, ilegal, vago y corrupto estatal. Cuando uno intenta ir al fondo del por qué se genera esta estigmatización, se encuentra con una exhaustiva campaña de instauración del terror por parte de los medios de comunicación hegemónicos hacia la sociedad Barilochense. La herramienta primordial para lograr este fin no es solo la difusión del discurso, sorprendentemente, sino el poder de las imágenes. Lo importante aquí entonces es cómo la mas mínima manipulación y utilización de ya sea un material fotográfico o de video puede influir a una escala global. Dejando de lado aquí la gran cantidad de fotografías que retratan al pueblo mapuche como encapuchados, portando carteles con frases de desobediencia civil o cortando rutas –las que operan creando marcos selectivos de visibilidad- me centraré comparativamente solo en dos fotografías. Siguiendo la noción de foto totémica de Mitchell como “un pariente mío” (2005:110), entiendo que ambas fotos funcionaron para distintos grupos y sectores sociales como mecanismos psicológicos que hacen que estas imágenes posean tanta plusvalía. Tomemos como primer ejemplo la tan famosa fotografía del militante Santiago Maldonado, nadie podría objetar que es una de las imágenes más trascendentales y de mayor repercusión en los últimos años. Por este motivo se podría decir que el totemismo de esta imagen es algo indiscutible, pero ¿qué es lo que sucede con lo que Mitchell llama, “segunda naturaleza”, de esta fotografía? El rostro de Maldonado ha adquirido valorizaciones muy diversas en distintos círculos políticos y sociales, desde “el primer desaparecido en democracia” hasta “el aliado anarquista del terrorismo mapuche”. Ahora, desde el punto de vista mapuche, la imagen de Maldonado, si bien representa un símbolo de lucha y represión estatal, no hace más que politizar y englobar al pueblo mapuche dentro de un marco de ideologías que a ellos no los representa ni como pueblo ni como sujetos políticos. Por otro lado, unos pocos años después de la desaparición y muerte de Maldonado, a escasos minutos de la ciudad de Bariloche ocurrió otro suceso similar de represión a una comunidad que resultó con el asesinato de uno de sus miembros, Rafael Nahuel, a manos de la prefectura nacional. Entonces ahora tenemos dos muertes casi exactas y de personas que luchaban, por lo menos en ese momento, por los mismos ideales ¿por qué el rostro de Rafael no implicó el mismo totemismo que el de Santiago? Butler, tomando a Sontag, propone el concepto de imprecación de la siguiente manera:

“Esta imprecación sugiere que hay condiciones en las que podemos negarnos a ser perseguidos insistentemente, o en las que esta persecución no puede alcanzarnos. Si no somos perseguidos insistentemente, no hay pérdida, no ha habido ninguna vida perdida. (…) Así, la fotografía está relacionada mediante su tiempo gramatical con la capacidad de una vida para ser llorada, anticipando y realizando esa capacidad. (2010:140)”

Rafael era un joven criado toda su vida en el alto, una zona de barrios marginales de Bariloche, en un contexto de desigualdad extrema producto de un modelo económico turístico hegemónico, que encontró una salida a partir de su reclamo ancestral mapuche. Santiago era un joven blanco de clase media, simpatizante de la lucha mapuche que estaba otorgando ayuda a una comunidad. Podríamos plantear, siguiendo el concepto de Butler, que existe una difusión arbitraria de la fotografía, en este caso por parte de los medios de comunicación influenciados por la biopolítica del poder neoliberal y la colonialidad del saber en la que aun está inmersa la sociedad argentina. Se trata de dos procesos diferenciados de imprecación, en las que medios de comunicación, organizaciones sociales y partidos políticos influyen en el reconocimiento social de la capacidad de una vida para ser llorada o quedar totalmente invisibilizada.

Dejando un tanto de lado la representación fotográfica del proceso de lucha mapuche, otro aspecto esencial para comprender el distorcionamiento mediático sobre este pueblo no es otro que la misma conformación histórica de la sociedad barilochense. Esta ciudad no solo ha sido construida sobre las bases del genocidio indígena, sino que también fue fundada por inmigrantes europeos que, a diferencia de los que llegaron a los puertos del Río de la Plata, la mayoría representaba a la clase oligárquica de sus países. Restrepo y Rojas afirman que “La perspectiva del sistema mundializado de poder es clave para entender cómo se produce la modernidad, expandiendo a escala planetaria las formas políticas y económicas imaginadas como propias de la experiencia europea, y sus repercusiones en todos los ámbitos de la vida hasta el presente” (2010:19)La construcción de un modelo europeo en esta región del país fue avasalladora al punto que hoy en día es sostenida desde la predominancia del proyecto neoliberal actual. No es casualidad, por ejemplo, que los colegios más prestigiosos de la ciudad haya sido dirigido por fascistas nazis o que inculquen los mismos valores elitistas y euro centristas que luego se trasladan a puestos gubernamentales, como es el caso de la actual ministra de educación de la ciudad de Buenos Aires. Habiendo contextualizado brevemente la historia y situación hegemónica actual de la región, cabe aclarar cómo se posiciona el pueblo mapuche en relación a este poderío del sector terrateniente y euro descendiente. Víctimas de la marginalización de una sociedad dividida, las comunidades Mapuche luchan, a partir de un reclamo ancestral legítimo, por la recuperación del territorio usurpado por el estado y luego privatizado a manos del capital extranjero. En extrema soledad cada comunidad vive su lucha para ser invisibilizada o distorsionada a gusto por un círculo de medios de comunicación monopólico. Un buen ejemplo de esta marcada brecha de poder es el caso de la comunidad Quijada, la cual limita a metros con Arelauquen -palabra deformada del idioma mapuche- uno de los barrios privados más elitistas del país que alberga en su gran mayoría fortunas extranjeras. Este complejo de mansiones millonarias se encuentra rodeado por cámaras de seguridad a lo largo de todo su perímetro, cámaras que enfocan hacia afuera, hacia las precarias construcciones de la comunidad Quijada que reclama por un simple acceso por el cual no se tengan que trasladar una hora a pie para llegar a su domicilio.

A modo de conclusión, desde un punto de vista personal creo que el aspecto más preocupante de la situación del pueblo mapuche es el proyecto de implantación del terror llevado a cabo por los medios de comunicación hegemónicos y como estos moldean el pensamiento colectivo de la clase media argentina. Hoy en día esto ocurre a una escala global gracias a la explotación de las redes sociales y funciona como un proceso descontrolado de producción efímera de información deslegitimizada que lleva a toda lucha o problema social de alta complejidad al peligroso campo de la ignorancia colectiva. En cuanto a la lucha del pueblo mapuche como proceso no cabe duda que, así como siempre existió, seguirá existiendo mientras las penas sean de nosotros y las vaquitas sean ajenas.

Referencias Bibliográficas

-Restrepo, Eduardo y Rojas, Axel, (2010), Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos, Popayán: Editorial Universidad del Cauca. Caps. Introducción, 3, 4 y 6.

-Mitchell, W.J.T., (2014), “La plusvalía de las imágenes” en Ander Gondra Aguirre y Gorka López de Munain, Estudios de la imagen. Experiencia, percepción, sentido(s), Santander: Shangrila.

-Butler, Judtih, (2009), Marcos de guerra. Las vidas lloradas, Buenos Aires: Paidós. Cap. “La tortura y la ética de la fotografía: pensar con Sontag”

-Harvey, David, (2008), “El neoliberalismo como destrucción creativa”, en revista Apuntes del CENES, Vol.27 N° 45.

*Fotografía: Latinta.com.ar

Publicado por

Malena Pell Richards

Lic. en Ciencias Antropológicas con orientación Socio-Cultural. Universidad Nacional de Río Negro-IIDyPCa