La tierra no se vende se defiende: Lof Paicil Antriao continua con el Resguardo Territorial

Por Kaia Santisteban y Malena Pell Richards

Cumplidos los 20 días de resguardo territorial en el bosque de Pichi Mawiza o cerro Belvedere, como GEMAS fuimos a constatar el estado actual del lugar. Allí pudimos comprobar la destrucción total de los 900 metros de deforestación donde comenzamos a ver las consecuencias más inmediatas del destrozo bio-cultural que el Fideicomiso “Lago Correntoso” provocó en el territorio del Lof Paicil Antriao y su gente.

Cuando lxs miembrxs de la comunidad Paicil Antriao emprendieron la acción de resguardo territorial, hace más de 20 días, desde GEMAS expresamos nuestra total preocupación ante el avasallamiento que se está ejerciendo en este territorio mapuche. Desde aquel entonces continuamos enfatizando respecto a la complicidad entre estos proyectos económicos y las instituciones del Estado que no garantizan la aplicación de las leyes vigentes y muestran la ausencia de canales políticos de diálogo. Es por esto que no nos mantuvimos indiferentes ante la ilegitimidad de estas prácticas porque repudiamos el accionar racista de quienes “dejan hacer” a quienes tienen más poder y “dejan de hacer” lo que deben hacer para cumplir las leyes. El Lof Paicil Antriao recurre a sus conocimientos ancestrales y a las leyes que los amparan, para defender el territorio y resguardar la vida. En esta ocasión, nos interesa hacer un poco de historia sobre este conflicto. Aunque suele mencionarse en los medios que el conflicto actual que el Lof está atravesando comenzó cerca del 2011, con el proyecto de Fideicomiso “Lago Correntoso”, la comunidad, en diálogo con nosotras, enfatizó que las causas del conflicto y la explicación de lo que está sucediendo se inician en el año 1902. A continuación resumimos los relatos que nos contaron algunos integrantes de la comunidad en la jornada de ayer en el resguardo.

Primer despojo


En 1902 el Estado argentino reconoció la presencia de las familias Paicil y Antriao en la zona del Correntoso, otorgando por decreto la titularidad del lote pastoril N°9. De las 625 hectáreas iniciales solo habitan en 125, y actualmente 85 de estas forman parte del proyecto inmobiliario Fideicomiso “Lago Correntoso”. La existencia de los documentos y archivos de este acuerdo hoy legitiman los reclamos territoriales del Lof. Sin embargo, tal como expresa la comunidad, estos mismos documentos y archivos representan el primer desalojo sufrido por las familias mapuche de la región, puesto que, al delimitar estas hectáreas, las personas mapuche que antes habitaban el territorio autónomamente, luego de este acuerdo se vieron obligadas a vivir solamente dentro de dichos límites. A este primer despojo le continuaron otros después del acuerdo de 1902 que hicieron que la comunidad no pudiera mantener las 625 hectáreas otorgadas. La ciudad de Villa La Angostura se construyó sobre sus territorios, los cuales fueron arrebatados a las familias mapuche a través de diversos mecanismos, muchos de ellos fraudulentos. A 116 años de este reconocimiento a la “colaboración” (coercitiva) de las familias de la zona como baqueanos, resultado de la presencia militar durante las campañas militares de fines del siglo XIX, los procesos de subalternización siguen repercutiendo en la cotidianidad de las vidas de las personas del Lof.

Como resultado del proceso de creación y conformación del Estado Nacional Argentino, se llevó a cabo una política estatal de imposición cultural y económica, cuyo resultado fue que al menos dos generaciones de mapuche decidieron “abandonar” o invisibilizar su identidad y sus propios modo de vida. La principal consecuencia de esos procesos de subalternización y alterización es que, frente a conflictos por el territorio, pareciera ser que los mapuche no tienen antigüedad histórica en la región e, incluso, que sus argumentos y explicaciones desde el conocimiento mapuche sobre el pasado y los usos del lugar no tienen legitimidad. Esta desinformación acerca de la historia del Lof en lo que pasó a denominarse Villa la Angostura dificulta el apoyo colectivo de toda la ciudad, incluso en situaciones como las actuales, donde el daño al bosque afecta globalmente a toda la zona del Correntoso y Nahuel Huapi.

La demanda territorial es central en la lucha de esta comunidad porque, a través del resguardo de ese territorio, esta Lof defiende su autonomía y la posibilidad de recuperar y sostener la diversidad de vidas que allí habitan (ixofil-mongen) y que son el fundamento de su existencia comunitaria. El conflicto permanente, el hostigamiento por parte del poder judicial y los particulares interesados en tener en propiedad las tierras mapuche, sumados a un estado municipal y provincial que ha venido históricamente negándose a garantizar los derechos de la comunidad, enumeran algunas de las adversidades con la que conviven a diario lxs miembrxs de la comunidad Paicil Antriao y las comunidades aledañas. Por todo esto es que consideramos necesario, a continuación, poner el énfasis en sus proyectos políticos y espirituales, enmarcados aquí bajo sus nociones propias de “Küme Felen” o buen vivir.

 

La centralidad del Küme Felen  o plan de vida mapuche

La propuesta política de la comunidad se organiza en función de sus proyectos de vida como mapuche, basados en la elaboración de planes de vida o Küme Felen. Estos proyectos responden a lo que los mapuche entienden como Kimun (conocimiento) enmarcado y expresado en los términos de la cosmovisión de su Pueblo. En este marco, el buen vivir es una vida en equilibrio, material y espiritual, donde lo colectivo es el principio de una vida en armonía; un colectivo que no solo incluye a los humanos sino también a todas las existencias del territorio. Entonces, salvaguardar la naturaleza es uno de los principios de este Küme Felen, junto con dar origen y fundar esta diversidad de vidas.  

De este modo, el territorio no solo es la base material y productiva sobre la cual proyectar ese plan de vida, sino que, principalmente, es el fundamento constitutivo de ese plan. Es una forma particular de relacionarse con el territorio; un vínculo que parte del reconocimiento de que allí la vida no solo pertenece a los mapuche, los animales y las plantas (utilizadas como medicinales), sino a una multiplicidad de fuerzas y seres que conviven con ellos y deben ser respetados. Todas estas vidas son parte de sus proyectos de Küme Felen. Por eso, todas esas vidas humanas y no humanas del lugar, en un mismo plano de igualdad, son directa y fuertemente afectadas por la destrucción y deforestación. Debido a la importancia que el territorio, así entendido, tiene como totalidad para el Lof, es que el daño provocado se entiende no sólo en términos naturales (ecológicos y ambientales) sino también culturales.

Resguardo Territorial Intercultural

Al plantear la lucha en estos términos, la Lof nos invita a comprender que el Küme Felen es un plan de vida que no ocupa únicamente a las personas mapuche. Desde el resguardo, el énfasis también está puesto en hacer partícipe a todos los habitantes de la zona, ya que las implicancias de la alteración que el bosque ha sufrido se reflejarán en toda la sociedad de Villa La Angostura y alrededores. Este proyecto de equilibrio material y espiritual que la Lof pelea por restaurar es un excelente ejemplo de práctica intercultural. Desde está perspectiva es que invitan a todxs lxs que deseen acercarse y presenciar el daño hecho en territorio. El encuentro en el lugar es para la comunidad una oportunidad para que personas mapuche y no mapuche puedan compartir sus compromisos afectivos con la naturaleza y juntos tomar consciencia sobre los efectos de dañar un bosque nativo.

Como contrapunto de una historia sufrida de despojos territoriales, la comunidad define la política de resguardar el territorio como recuperación y defensa del derecho a la autodeterminación sobre sus formas de vida, comprometiéndose en ello con el resto de lxs humanos y no-humanos del lugar. Las personas mapuche que sostienen diariamente la defensa del resguardo saben que están “poniendo el cuerpo en territorio” en nombre de toda la sociedad. Y esta es una diferencia sustancial con respecto a las prácticas orientadas por fines económicos: esta acción emprendida colectiva y comunitariamente se sustenta en una cosmovisión mapuche –de la que sustraen las fuerzas necesarias continuar la lucha– pero se realiza en  beneficio de todas las personas y de la biodiversidad del lugar.

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