“Tratamos de defender nuestro territorio para seguir viviendo”: La historia de Boquete Nahuelpan

En el mes de septiembre de este año, el grupo GEMAS participó de un txawün comunitario en El Boquete Nahuelpan en el que una de sus integrantes, Ayelen Fiori, compartió los resultados de su tesis de maestría (Universidad Nacional San Juan Bosco), realizada los años anteriores con la participación de la comunidad. En esa ocasión, junto con las familias de El Boquete Nahuelpan recorrimos los eventos más significativos de sus memorias. El siguiente escrito es una síntesis de esta narrativa. Los mapas, las conversaciones transcriptas y la información de contexto que aquí citamos fueron tomados de la tesis de Ayelen Fiori y de ese txawün.

En el año 1937 fueron violentamente expulsadas todas las familias mapuche tehuelche que –al menos– desde fines del siglo XIX ocupaban las tierras de Boquete Nahuelpan, en el noroeste de la provincia de Chubut, Patagonia Argentina.

Ubicación de Boquete Nahuelpan, provincia de Chubut

El desalojo de Boquete Nahuelpan fue impulsado y promovido por las élites locales en connivencia con distintas instituciones estatales. No bastó con el despojo de sus tierras, sino que buscaron borrar todo rastro de presencia indígena. Quemaron sus casas, desarmaron a sus familias y arrasaron sus haciendas y plantaciones. Las familias indígenas desalojadas quedaron por muchos años a la deriva. Este desalojo fue uno de los más grandes y violentos del siglo XX en la región, puesto que se expulsó sistemáticamente a todas las familias allí radicadas en menos de un mes. Sin embargo, el hecho permaneció impune y silenciado por años. Al punto que muchas de las personas que viven en la zona desconocen la crueldad de los hechos y el impacto que tuvo en términos regionales.

En el siguiente mapa se superponen diferentes mapas (en un mismo mapa) para representar el despojo territorial  que sufrieron las familias de Boquete Nahuelpan a lo largo de los años y los diversos cambios que sufrió la comunidad a raíz del desalojo. Esta cartografía superpone los territorios habitados por las familias mapuche tehuelche antes del siglo XX (color verde claro); el territorio reconocido por el Estado nacional en 1908 (color rojo) y el territorio devuelto a la comunidad en el año 1948 a algunas familias de apellido Nahuelpan (color verde oscuro). Como resultado de este proceso de despojo, podemos decir que de las 22.000 hectáreas que fueron parte de la Reserva Nahuelpan hasta 1937, en el presente continúan en manos indígenas sólo 7.500 hectáreas, lo que representa solo un tercio de las tierras que habían sido reconocidas por el mismo Estado. El resto de las tierras de la reserva permanecen, desde el año 1937 hasta la actualidad, en manos de privados.

Mapa Contestados: La lógica del despojo territorial (Fiori, 2021)

A continuación reconstruimos brevemente este complejo proceso a los fines de contextualizar esta historia y realizar una reflexión antropológica desde las memorias.

Historia de una ocupación territorial ancestral 

La zona conocida como Boquete Nahuelpan se ubica a tan solo 15 km de la ciudad de Esquel (Chubut). En estas tierras confluyeron, desde fines de siglo XIX, varios grupos mapuche tehuelche emparentados entre sí que desarrollaron actividades agropecuarias, ganaderas, de regadíos, venta de artesanías y comercio.

Hasta antes de las campañas militares del siglo XIX, el Pueblo Mapuche Tehuelche era soberano en estos territorios patagónicos. Los grupos indígenas convivían en diversos grupos parentales, practicaban la caza de animales, habitaban en tolderías y recorrían  un territorio ancestral  que conformaba un espacio social  mucho más amplio en el que  las familias se  vinculaban por relacionalidades afectivas, parentales, políticas y espirituales. Manteniendo las autonomías de sus lof (comunidades), los distintos longko (autoridades) se reunían en txawün (parlamentos) y ceremonias, se visitaban para parlamentar o realizaban colectivamente otras actividades productivas. 

Esta lógica social y territorial se vió drásticamente alterada con las campañas militares de fines del siglo .XIX. Este evento violento desestructuró aquellas relaciones, transformó  las propias formas mapuche y tehuelche de ser y entender el mundo y desmembró los vínculos familiares y comunales.  Las  “historias tristes”  sobre el cautiverio (campos de concentración), la represión, la pérdida de la familia y el hambre son relatos sobre el pasado que evidencian el nivel de violencia y disrupción que ha tenido este genocidio en las comunidades y cuyas secuelas continúan hasta el presente. 

Finalizada la llamada “Conquista del desierto”, las personas mapuche tehuelche que habían quedado dispersas y separadas de sus lugares y lof tuvieron que atravesar un largo peregrinaje hasta llegar a la zona que se conoce como Boquete Nahuelpan. En estos recorridos, los grupos y familias se fueron re-estableciendo y realizando nuevas “alianzas” entre sí. Quienes sobrevivieron a esos acontecimientos de violencia produjeron los nügtram (relatos verdaderos sobre experiencias históricas) que recibieron las siguientes generaciones y que narran la forma en que los abuelos y abuelas fueron llegando al territorio de la zona de el Boquete, ubicándose en los campos que aún se encontraban sin alambrar. Según sus relatos, desde distintos puntos geográficos y en diversos momentos y circunstancias, sus ancestros –solos, acompañados por algún ngen, y/o por sus (u otras) familias– emprendieron largos y dificultosos viajes de “regreso” a los territorios buscando “vivir tranquilos” y “volver a levantarse” como lof. 

(…) Se acordaba que en la Campaña del desierto había estado con Mercedes Inacayal, mi abuela. Para que no le mataran la familia, el cacique se presentó para baqueano, donde estaban los mapuche más rebelde vió? Pero lo hizo por su familia. Y él, cuando le decían ‘bueno mañana o tal día vamos a ir a tal parte’, porque la familia de él no estaba en un solo lugar, él le decía ‘vayan para tal lado que nosotros vamos a ir para allá’ y cuando llegaban no estaban y así se cambiaban… Contaba mi abuela, contaban ahí… Y se acordaban y se reían a veces, y otras veces lloraban, cuando se acordaban que una vez iban por un camino, dice, iban todos y no había comida, no había nada. Por ahí cazaban algo… Y dice que iban así y justo donde iban a pasar ellos el león había matado un guanaco (…) ellos llegaron y recién lo había matado, lo dejo ahí… Por eso es que ellos al león jamás, jamás cazarlo, así nunca.

(Angel Quilaqueo, e.p. Fiori: 2021)

En aquellos años de arribo, las familias también tuvieron que gestionar permisos y documentos en nuevas oficinas estatales y recorrer un espacio ajeno de burocracias y leyes para solicitar derechos sobre los territorios que siempre habían habitado. Fue así que en el año 1908, el Estado nacional reconoció 19 mil hectáreas para ser ocupadas por “los indígenas de Nahuelpan”* por medio de un decreto del Presidente Figueroa Alcorta. Una vez establecidos en Boquete Nahuelpan, vivieron “años de prosperidad” producto de sus trabajos productivos. Esta época de bonanza se prolongó aproximadamente hasta mediados de la década de 1930, momento en el que las tierras de las poblaciones indígenas volvieron a ser un recurso en disputa para personas ajenas al Pueblo Mapuche Tehuelche.

El destierro tras el desalojo

En el año 1937, el presidente de facto Agustín P. Justo mediante la sanción de un nuevo decreto n° 105.137** anuló el decreto del año 1908. En un contexto de privatización de tierras indígenas*** en la Patagonia, las élites locales –en connivencia con el gobierno nacional– promovieron la expulsión de los y las indígenas que habitaban el Boquete y fueron los principales beneficiarios de aquellas  tierras. 

Así las familias mapuche tehuelche padecieron un nuevo evento disruptivo que es recordado como “el desalojo del 37”. En él, las fuerzas de seguridad procedieron a la expulsión sistemática y violenta de todas las familias allí radicadas. Destruyeron las plantaciones y prendieron fuego las viviendas intentando borrar todo vestigio de población indígena. Las tierras que formaban parte de la reserva  fueron divididas en 9 lotes de 2500 hectáreas y otorgadas a los pobladores no indígenas (muchos de ellos miembros de la élite) de las inmediaciones de la ciudad de Esquel.

El desalojo destruyó el mundo conocido por las lofche (comunidades) mapuche tehuelche hasta ese momento. Este evento fue tan violento y disruptivo que las generaciones posteriores a este acontecimiento continuaron–y continúan– afectadas de múltiples formas. En las memorias de las familias, este suceso organiza sus trayectorias familiares en un marco temporal compartido que distingue el “antes”, el “durante” y el “después” del desalojo de 1937. 

Producto de este desplazamiento forzado, cientos de personas fueron obligadas a huir de sus tierras en búsqueda de refugio en otros parajes de la zona o en la periferia de la ciudad de Esquel.

Imagen de Francisco Nahuelpan (hijo) y su esposa  Ceferina Catriman desalojados en la periferia de Esquel. Fuente: IAC Expediente 5754-1947 (781)

El desalojo de Boquete Nahuelpan no finalizó con la expulsión de los indígenas y la privatización de sus tierras, sino que los grupos desalojados, desprovistos de sus pertenencias, iniciaron un nuevo y largo peregrinaje –que en algunos casos duró décadas– deambulando por el territorio hasta lograr encontrar un lugar donde establecerse. 

Imagen de nietos y bisnietos de Francisco Nahuelpan en la periferia de Esquel. Fuente: IAC Expediente 5754-1947 (781)

Las personas de Boquete Nahuelpan recuerdan los hechos contados por sus padres, madres, abuelos y abuelas con mucho dolor, expresando la impotencia y el sufrimiento de haber visto como quemaban sus casas, desarmaban las familias y destruían la vida que conocían. En muchos de estos testimonios las personas suelen contar que sus abuelos y abuelas solían amanecer recordando con sus visitas esas “historias tristes” y que “sabían llorar cuando contaban del desalojo”. Estos relatos, transmitidos de generación en generación, vuelven a narrar el dolor del despojo en primera persona, aun cuando retransmiten las experiencias de violencia que sufrieron sus antepasados.

Mi papá siempre contaba del desalojo y contaba que los sacaron a todos y al que no quería irse le quemaban la casa o lo corrían. Él decía que ahí habían perdido la hacienda, los animales y la siembra que tenían. Les destruyeron todo y los dejaron a la deriva

(Ana Prane, e.p. Fiori: 2018)

El desalojo del treinta y siete fue algo muy doloroso. Yo no lo viví en carne propia. Pero sí mis abuelos lo vivieron. Y ellos contaban. Y cada vez que contaban yo recuerdo que mi abuelita lloraba y me decía ‘Nos desampararon a todos. ‘Nos quemaron las casas, perdimos a nuestra familia, porque fue como que nos dispersaron tanto que una familia fue a parar a un lado, y otros a otro lado. Y ahora para poder volver a unirnos es muy difícil, éramos todos una familia. No solo a Lago Rosario llegaron las familias, sino que se dispersaron en Sierra Colorada, Corcovado, Sierra Colorada, Esquel, Cerro Centinela, Cañadón Grande, Costa de Lepa, se dispersaron para todos lados, para buscar una orientación para vivir sin que nadie los viviera corriendo…

(Rosa Ñancucheo, e.p. Fiori: 2017)

Años más tarde, y por medio de un reconocimiento del Estado nacional en el año 1948, un reducido grupo de nueve familias –descendientes directos de quien fuera el cacique Francisco Nahuelpan– logró retornar a  una pequeña extensión de tierras donde aún permanecen. Por su parte, otras familias han iniciado distintos procesos de recuperación territorial en el lote 4. Mientras tanto, el mayor número de familias mapuche tehuelche no lograron volver a Boquete Nahuelpan y continúan dispersos en diferentes parajes de la zona.

Del desparramo a la reconstrucción

Ellos salieron con mil ovejas, con yeguarizo, vacuno, salieron con… tenían esas chatas que se tiraban con caballo, que tiraban lana allá hasta Jacobacci. Tenían como dos o tres chatas de esas tiradas por caballos. Y salieron todos, para Lepá, Gualjaina, Cañadón Grande. Y así, andando así, se les terminaron los animales (…) Mi abuela no sabía hablar en castilla, ella si te pedía agua, decía ko, si te pedía leña, decía mamuel. Y de ahí sabías y salías corriendo a buscar leña, a buscar agua o lo que sea. Ya le digo, yo tenía cinco años cuando me quedé con mi abuela. Yo nací en el 45 en la costa del arroyo Montoso, cuando todavía andaban desalojados mis padres. De la estación La Cancha después sale la Estación Montoso, y después Mayoco. En la costa del Río Montoso en 1945, nací yo. En esos tiempos mis padres andaban desalojados, yo nací en un campamento, así, mi abuelita me contaba siempre, fueron muy duros esos años para ellos, perdieron todo. Muchos viejitos fallecieron de pena. Se enfermaron, se desarmaron las familias. Nosotros éramos de parte de padre, cuatro, cinco, y nosotros éramos, 8 más o menos. Y bueno… se dispersaron todos, algunos en el Ceferino, otros en Lago Rosario, otros por Lepá, tengo dos tíos que quedaron por allá. Por Blancura creo que llegó alguno, por Cañadón Grande, Gualjaina… Y se tuvieron que venir porque se le terminaban los animales. Mi abuela se instaló acá en el Ceferino (barrio periférico de la ciudad de Esquel), no sé en qué año se habrá instalado, y muchos llegaron a Ceferino, ya sin animales, sin nada. Y eso fue lo que los enfermó a muchos, muchos no resistieron, fallecieron. Porque fue un golpe muy, muy duro. Muchos llegaron así, es lo que yo escuchaba a los viejitos… que me sentaba al lado de la abuela, y escuchaba…

(Angel Quilaqueo, e.p. Fiori: 2021)

La historia familiar de Ángel Quilaqueo –así como la historia de la familias Prane, Antieco, Nahuelpan, Suarez, Ainqueo, Calfu, entre tantas otras que vivían en el territorio de Boquete Nahuelpan–  está atravesada por el desalojo del 1937. Como narra Angel, a ocho años de producirse aquel violento hecho, la familia Quilaqueo continuaba deambulando por el territorio, por eso en el año 1945 Ángel nace en un campamento a orillas del arroyo Montoso, cuando su padre y su madre “todavía andaban desalojados”. Con esta expresión se suele subrayar la perdurabilidad de la experiencia en la vida de las personas, puesto que para la mayor parte de los desplazados el desalojo no terminó con la expulsión de las familias de Nahuelpan, sino que se transformó en un estado (“andar desalojados”) difícil de revertir en el corto, mediano y largo plazo.

Del mismo modo que el relato de Ángel, las memorias sobre los sucesos suelen subrayar experiencias y sentimientos similares. Por un lado, y a pesar de haber crecido escuchando esos testimonios de tanta violencia, las memorias del presente siguen comunicando el dolor, la impotencia y el asombro. Sin importar el rumbo de las familias, las narrativas hablan de la brutalidad y la violencia con la que se produjo el desalojo. Por otro lado, expresan el sentimiento de haber quedado a la deriva, atrapados en un largo deambular o en condiciones de profunda pobreza en las periferias de la ciudad de Esquel, a pocos kilómetros de Boquete Nahuelpan.

A la par de estas memorias dolorosas de los ancianos y ancianas sobre cómo vieron quemarse sus casas y sus haciendas, las generaciones siguientes también suelen focalizar sus trayectorias en la desunión, la dispersión y la separación irreversible de aquel “nosotros-familias”. Ese es el asunto que, al día de hoy, sigue produciendo añoranza y tristeza. Sin embargo, y pese a la violencia y el desparramo que dejó este acontecimiento, este no logró disgregar los vínculos existentes entre los diferentes colectivos mapuche-tehuelche. Las nuevas generaciones que en el presente narran el desalojo –hijos e hijas, nietos y nietas– comparten el hecho de iniciar su historia localizando su küpalme (historia de la familia) y su tüwun (el lugar de origen de la familia) en Boquete Nahuelpan. La centralidad y vigencia que tiene ese pasado común (de quienes “fuimos despojados violentamente de Boquete Nahuelpan”) en las vidas de quienes fueron afectadxs explica también por qué las memorias que lo narran y actualizan tienen el poder de “enactuar” con tanta presencia y materialidad un territorio donde se conectan sitios tan distantes con Boquete Nahuelpan.

Continuidades del despojo

En el mes de febrero del año 2021, la empresaria de la ciudad de Esquel María Elena Paggi –nieta de Pedro Memphis Paggi, uno de los adjudicatarios de tierras luego del desalojo de la Comunidad Nahuelpan en el año 1937– realizó una zanja en un camino vecinal que se encuentra dentro del territorio de la comunidad, impidiendo el paso y dejando aislados a la familia Quilaqueo – Llancaqueo. 

Zanja que bloqueó el acceso de la familia Quilaqueo- Llancaqueo. Imagen de la comunidad Nahuelpan.

En el mes de mayo retiró la tranquera que estaba en el camino vecinal y en su lugar colocó un alambrado, cortando nuevamente el paso a la Comunidad y dejando a la familia Quilaqueo Llancaqueo encerrada en su propio territorio. Esta acción se realizó pese a que el litigio se encuentra en el ámbito judicial. Asimismo, la comunidad denuncia que la empresaria tiene también alambrado uno de los antiguos cementerios de la comunidad. 

(…) No es lugar ajeno, es lugar nuestro que ha dejado nuestra abuela, nuestros padres, nuestros tíos, es de la familia Nahuelpan y todos somos parte de la familia, estamos en lugar nuestro, no es lugar ajeno (…) nosotros reclamamos lo nuestro, nosotros tenemos que entrar al cementerio, tenemos el sentimiento como cualquier persona, y queremos que también nos respete así como nosotros respetamos. Nos pueden sacar siempre por delante, seremos pobres pero nos tienen que saber respetar (…)

(Margarita Antieco, entrevista para EQS: 2021)****

Este hecho de violencia actualizó el recuerdo de uno de los acontecimientos más traumáticos que el pueblo mapuche y tehuelche vivió durante el siglo XX, así como la memoria de un Estado que nunca los incluyó como pueblo. En estos meses, la lof Nahuelpan comenzó a denunciar públicamente estos atropellos vividos, así como también la violencia y los atropellos que vivieron sus familias en estos más de 80 años. 

Referencias:

  •  * El día 5 de julio de 1908, mediante el decreto nacional N° 5047 firmado por el Presidente Figueroa Alcorta se aprueba la mensura para el ensanche de la Colonia 16 de Octubre. Esta mensura incluye tanto el trazado del pueblo de Esquel como la mensura de un lote de poco más de 19.000 ha destinado a los indígenas de Nahuelpan (Decreto nº 5047 en Lenton 2014: 349).
  • ** “El decreto Nº 105.137 del 5/5/1937, firmado por Justo, deja sin efecto un decreto del presidente Figueroa Alcorta del 3/7/1908 en el que se establecía la localización de los terrenos y reservas, respectivamente, para “la agrupación indígena de Francisco Nahuelpan”, en el área reservada para la ampliación de la Colonia 16 de Octubre, en el territorio nacional del Chubut.
  • *** En la década de 1930 se producen varios desalojos en Patagonia y las tierras de las poblaciones indígenas devienen un recurso en disputa para personas ajenas al pueblo mapuche tehuelche. El avance progresivo de alambrados sobre la tierra indígena en manos de no indígenas se produjo en nombre del incumplimiento de pago de pastajes, de discursos que tendieron a deslegitimar a los indígenas y de la connivencia entre las elites y los gobiernos nacionales, los jueces de paz y los gobiernos locales.
  • **** Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=HmLyz6Z2Jwc

Publicado por

GEMAS

El Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (GEMAS) es una red de investigadores (docentes y alumnos) pertenecientes a distintos centros universitarios del país. Desde su conformación en el año 2008 se ha venido desarrollando en espacios formales de investigación y extensión, así como en espacios informales de participación política e intercambio de conocimientos.